Conozco el poder de mi comunidad”, dice migrante

Conozco el poder de mi comunidad”, dice migrante

Los Ángeles.- Lizbeth Mateo es una oaxaqueña de 33 años que llegó a Los Ángeles, California, hace 20 años. Es indocumentada y está fichada por la Patrulla Fronteriza, pero no tiene miedo y está decidida a apoyar a los jóvenes, esta vez desde una nueva trinchera: un comité del Senado de California.

“Siempre supe que era indocumentada, pero creo que no tenía muy claro lo difícil que iba a ser la vida —sin papeles— en este país [Estados Unidos]”, dice esta abogada y defensora de los dreamers . “Pensaba, bueno, no tendré la ciudadanía, no tendré Seguro Social, pero como me decían, las puertas se te van a abrir, la gente va a reconocer tu esfuerzo; yo realmente creía en eso, pero cuando me faltaba un año para graduarme de high school [preparatoria], me di cuenta de que las cosas iban a ser muy distintas de lo que yo pensaba”.

Lizbeth es originaria de Santiago Matatlán, Oaxaca, al igual que sus padres y dos hermanos menores. Llegaron a Los Ángeles cuando ella tenía 14 años. “En Oaxaca tuve una infancia tranquila, feliz; éramos muy pobres, teníamos muchas carencias y mi papá hacía lo que podía para llevar a la casa lo indispensable”, recuerda Lizbeth. “De habernos quedado allá, ni pensar en ir a la universidad; ni siquiera sé si hubiera terminado la secundaria”, comenta la joven, quien obtuvo en 2016 un doctorado en Derecho estadounidense por la Universidad de Santa Clara y un año después paso el examen de la Barra de Abogados de California.

Reconoce que llegar a EU tampoco fue fácil. “Fue difícil adaptarse al principio, no conocía a nadie, no hablaba el idioma, pero poco a poco fui conociendo personas que me apoyaron mucho, amigos, maestros que creyeron en mí cuando otras personas no creían que pudiera hacer algo con mi vida; hubo quienes me dieron el apoyo que yo necesitaba para seguir adelante”, destaca.

Lizbeth se hizo conocida por su defensa de los hispanos indocumentados. Hace cinco años, “regresé —a México— para visitar a mi familia, pero especialmente a hacer parte de una campaña” para llevar de regreso a EU a jóvenes beneficiarios del Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) que habían sido deportados. “Nos presentamos en la frontera en julio de 2013, nos detuvieron —la Patrulla Fronteriza—, estuvimos en un centro de detención 17 días y nos dejaron libres; entonces ya pude regresar a mi casa a terminar la Escuela de Derecho”.

El mes pasado, Lizbeth fue nombrada asesora para el Comité de Subvenciones para Proyectos del Programa de Oportunidad y Acceso para Estudiantes de Bajos Recursos para el Senado de California. “El nombramiento ha sido una gran sorpresa y desde luego un gran honor que espero poder sacar adelante con muy buenos resultados”.

Esta mexicana tendrá voz en el Senado estatal para recomendar a jóvenes que necesitan apoyos diversos para sus estudios. Según datos académicos de California, 72 mil 300 estudiantes inscritos en escuelas y universidades comunitarias, muchos de ellos indocumentados, dependen de este comité al que se ha integrado Mateo. Ella cuenta que el senador Kevin de León le hizo la propuesta. “Lo pensé, les dije que sí y tuve que hacer una entrevista; un comité del Senado tuvo que votar para ver si me elegían y yo no esperaba que la gente fuera a reaccionar de la forma en que lo hizo, pero bueno, aquí estoy”, dice orgullosa.

Desde el incidente de 2013, Lizbeth está fichada por la Patrulla Fronteriza y por la Oficina de Aduanas e Inmigración por su calidad de indocumentada. Ahora que fue nombrada asesora, ella sabe que los reflectores apuntan a ella y que puede ser detenida e iniciarse el proceso de deportación en su contra. “No hay nada que me proteja; sin embargo yo no sólo soy abogada, también he sido líder comunitaria por muchos años y parte del trabajo que yo hice por muchos años fue trabajar en campañas para parar deportaciones de jóvenes y de padres también; sé cuál es el poder de la comunidad y esa es una de las razones por las que no siento miedo, yo voy a luchar para quedarme aquí y sé que mi comunidad va a luchar, no tengo duda en eso. Es la protección que yo tengo”, asegura.

Lizbeth cree que su actitud y la de las nuevas generaciones indocumentadas ha cambiado respecto a otras épocas en las que los indocumentados se escondían y trataban de no hablar español. El cambio se debe a que “hay personas que han tomado riesgos calculados y se han visto triunfos sobre órdenes de deportaciones y una participación social mucho más activa, eso nos ha mostrado que podemos luchar”, señala.

“Hoy estamos muy abiertos para mostrarnos como realmente somos y sentirnos muy orgullosos de dónde venimos; nos interesa recalcar de dónde venimos, la lengua que hablamos, cómo somos y que al final es un reflejo de nuestros padres; por eso nos tienen que aceptar a nosotros y tienen que aceptar a nuestros padres también”, concluye la abogada, quien abrió su oficina en la ciudad de Wilmington, una área del condado de Los Ángeles muy asediada por agentes federales en busca de indocumentados. “No tengo miedo y no me voy a esconder, vamos a seguir dando la batalla hasta que reconozcan nuestros derechos y nos den nuestro lugar como residentes legales. Las cosas hoy son diferentes con nosotros”, aseguró.

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